domingo 18 de octubre de 2009

Reggae

Haría cualquier cosa por matar el descaro de ese imbécil, pensaba.

Cualquier imbécil.
Y esnifaba la opípara gracia del polvo centelleante, hasta arrimar mi hemisferio cerebral derecho a la mejor de las perspectivas, y dejar a mi sangre desaborida manchar el cielo.

Estoy tan drogada.

La música me espanta hacia unas borrachitas estrepitosas, con esas hermosas tembladeras que sólo el alcohol deja. Me dio asco. Fui hasta el baño y perdí el talento al intentar mirarme en todos esos espejos, me conmoví, de la hedónica ardiente mirada que tenía en vez de escopetas y como en el peor de los casos, sonreí, recordando que eso, sólo era un espejo. Y eso otro era reggae, entumecido a mi cuerpo.

martes 15 de septiembre de 2009

Espina



 

La soledad es como el óxido.  Pero el amor, el amor es ominoso.

 

El primero perdió la cabeza. La arrojo sobre mi cuerpo  con todo el peso del amor y el talento del desdeño.  Se culpo en mi pecho hasta asfixiarnos. Se voló los sesos y el alma de un solo flechazo cuando desatinaba su líquida efusión…  y yo tuve que presenciar todo eso.

Al segundo no lo recuerdo, era muy lindo y poco listo. Desesperado y sensible hasta los huesos. Yo solo saboreé.

El tercero podía oler mi miedo, podía resignarse a mi espanto y tratar sutilmente de matarme,  con tanto encanto, con tanto celo. Y hasta prender  mis pedazos acres en su peludo vientre, chuparle la sangre hasta dejarlo sin razón alguna más que el exceso.

Su manera alarmada de conquistar, su furia azul frío insinuaban mi retorcer, mi primor. Me congeló hasta el final.

 

El cuarto era el cliché pervertido con la mirada más ardiente, él tenía fuego, fuego en su torso, cielo en la espalda,  alguien tan ilegible que no podía corromper hasta obstinar, ni provocar morir. Osado como el sol, aburrido como el pop.

 

-Y el otro?

No, de ese no hablo.  De ese ……$%&”¿¡

viernes 28 de agosto de 2009

Omnia.



Los vuelvo locos, locos de verdad.

Soy un asteroide como cualquiera, que por desvergüenza caí en sus cabezas. En sus recios  cráneos de madera.

Soy una miscelánea de orificios, por donde dejo escapar mi violenta  aura de rocío cruento. La misma que los infecta hasta el tuétano de su irreconciliable sosiego.

 Son ellos, una corazonada nimia salida de mi apetito, o peor que eso.  Son mesura ante mi espanto, o peor aún,  son contención.

Naturalmente desprendidos de detrimento, de mi talento, locos por el brillo de acero y de labial, obstinados con el borde de mi alma, cautivados por cielo escaso, por mi resaca.

 Locos con razón.

 

miércoles 24 de junio de 2009

PIENSA

¿Quién osa flagelar la inocencia?

Quién osa deshacerse de la piel impasible

de chica de hiel

encuerada hasta los buitres

cellenca al alcance.

¿Quién osa cariño, a sacarte los ojos

Y no el corazón?

A dejarse el alma en azul cerúleo

y garantizar arder en crimen

mientras juguetea en encanto

¿Quién condena su venustez Mefistófeles?

Y su amor diluente

Su dorso dulzón de mortal radiación

Piensa.

¿Quién más que yo .Te pude usar?


lunes 8 de junio de 2009


Una Perra en la Noria



 

El sol ubérrimo nos cobija  hasta el desastre.

Luego duermo. Sí, junto a él.

 Lo sesos nos hierven  y la sangre nos apesta a distancia, El deseo.

Pero el  vació es grácil, tanto que corta la nube de mohína sobre las cabezas que alimentan la  gracia de mi  fino silencio.

El cielo está mal ubicado  y ahora el miedo sólo es basca dulce.

Aquí nadie nos escuchará, pensó ella.  Es cuidadosa.

Pues de la friura se aclara el poder, de la cabeza pesada sale la hiedra del placer, de los pechos flácidos de mujer; la invasión, y es que para ella el alivio es el precio más ganga, la sorpresa si tiene su esplendor.

Y Ella es sorprendente.

Hice que me siguiera hasta la trampa. Hice que se muriera por Mí.

Lo mire un par de veces y el a mí desde luego. Con ojos de encendido color venganza, su piel se hinchó de fogaje, su razón se dormía en su ingle, y su pelvis latía más aprisa que mi corazón. Casi temí. Y me gustó.

Tan raposa, con ojitos candela y piel mortecina grave. Lo consumí.

Es una muñeca de Crystal Meth, con lengüita de reptil y estómago vermicular. Su corazón esta carirraído y anido en carne tiernita.

 Ella es el secreto y la desdicha. Y no le importa.  

Pero  en el fondo de su oprobio verdín, es venérea, y es ponzoña.

 

Por eso se murió por mí.

 

viernes 20 de febrero de 2009

VHS

 Para describir el sulfuro no me haría falta probar tu sangre azulenca,

El suicidio sabría a estío y gelatina.

Tu aliento áureo consuelo,

Veneno,

El caos de hierro y plata decapitaría tu corazoncito humectado.

Entonces vendrías a mí llorando color Príapo.

Y caerías,

como un pedazo de carne roja en mis brazos.

Y sonarías

Derretido, como plastilina férvida de mí.

 

Y reclamarías mi alma para comprar un revólver

Y en mi boca aguada te ensordecerías.

Conseguirías mi pecho, mi vientre, mi bilis

Y te hundirías en ácido placer,

En sulfuro de hidrógeno.

En sulfuro de mujer.

-Tinieblas de piel-.

 


martes 26 de agosto de 2008

Una Perra, venida del infierno.

La resonancia superflua de Käo se hace inconmensurable.

Y detona.

El amor es sólo semántica inocua. Dice.
Casi como morderse las uñas sin pretender que sea onicofagia.
-Cuando nunca dejo de serlo-.

Inerte.

Acaso no hay nada de lo que no sea culpable? -Se agota.

Además de cometer. Además del crimen de no ser mía.
Y ser el axis de la espina dorsal de la tristeza.

La mesura es crespa. Hasta enredar.
Infinita.
E ineludible.

Hasta tronar.