domingo, 18 de julio de 2010

Compórtate como Tijera.


Hay que cortar esa deliciosa saña
Su nauseabunda ansia de quemar su piel con fricción.
Ardes, como una bala.

Debió ser el piano que me entregó tu aroma,
o por mi algarabía que perdí el corazón.

De cualquier modo
siempre hice despojo de tus egos
y reduje tu desplante a mi paciencia,
es parte de la regla erotómana,
deplorar.

Te dije que soy de crispar crímenes,
es el cortejo de mi ordalía,
por el que no puedo seguir tu ritmo apretado,
tu dulce trufa anclada a mi encéfalo.

Porque para ti, soy brillo esparcido.

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