domingo, 18 de julio de 2010

Te Invito Al Cielö


No es el sexo como hecho, sino que soy el deseo; más allá de la esperanza.

Es mi olor promiscuo de resonancia, mi sabor dulzón adicción, mi piel aguda, el lince líquido de mis ojos, mi voz sacudida, lo que convierte mi cuerpo en un piano. Lo que me hace más estelar antes que táctil. Lo que entibia mi sangre hasta arder. Arder en el aire de todos. Y sucumbir al perfecto en mis entrañas, o matarlo de arrebato por mi boca.

Si a eso cariño, le tienes miedo, es porque mi figura te descuadra, mi radiación quema tu iris, mi carne absorbe tus huesos, mi mente te invade y se pierde en tu pecho, porque tiemblo en tu cama, lloro con calma. Te envió al carajo y luego me duermo. Porque el amor no funciona como concepto, ni como amor. Simplemente no funciona.

Ni con el letargo paliducho de la inocencia, de la que hablas, ese crimen de decolorar la benevolencia no existe. Mi piel es lúcida y sabrosa ante el misterio. Mi alma entera está exigida por el hedónico tormento de amar, de gozar, y dejar. El vacío, al vacío.

Y no hablo de velocidad.

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