lunes, 26 de abril de 2010

Delírium trémens



Yo sé que algo anda mal en mí.

Esa comezón mortal en mi cabeza ambivalente, mi deterioro amplificado y ruidoso, mi paz torcida adictiva y mis ojos casi muertos del brillo sobrio, ensordecen mis poros hasta mi lozanía.

(Depravación, déjame sentir.)

Debe ser que mi olor se dilata en el aire y que intoxicado vuelve a adherirse a mi piel, yo sé que la maldición no sólo está en mi cuerpo, sino esta hasta en mi ciencia, tendría que espantarme con tonadas agudas de piano y ni así lograría explicarte mi deserción embelesada. Tengo mala crisma sanguínea y el amor me provoca disnea

(No deberías sostenerme)

Quisieras ser tú el tapiz de mi meollo, pero no sabes ni dónde queda mi centro cerúleo, quisieras ser mi sal, mi memoria, mi zigzag, pero no diferencias mi frenesí de tu talento, no tienes idea de lo que sería el desacato de una chica ponzoña. Iluminada de atardeceres.

Por eso tanto cuando te hablo de amor, este se hace menos denso en tu espalda sobrecargada de vacío grácil, no lo lleves te dije tantas veces, que no se trata de males ni de pulsiones de libido, no es un acto, no es un hecho, no es ni lo que digo a veces, pero es mejor que el silencio. Y es peor que el valium.

No pretendas verme, de la manera en que yo lo hago. Sólo eres puro sobre el teclado.

Y soy yo otra vez, la fase que no esperabas.


AmorAvizor
















No pretendo justificar mis maneras de palmar en tus fríos ojos, yo sé lo básico de tu placidez, yo soy tu rumbo, sabor a detonación.

Y con esa excusa te amo como cefálido, con impregnación y humedad.
Es que formamos parte de esa sustancia viscosa de las nubes, somos la maraña de la cabeza de Dios, la detrimentación del sonido, la física del corazón.

De todas formas, no hay posición para mis espectros cuando tus dedos se convencen de que amar no es cuestión de reacción, ni de provocar hasta ensordecer, hay algo en tus sueños limpios que mi barbarie no atacará, porque si bien es cierto, estoy diluida en las líneas de tus manos, plagando las fisuras de tu cráneo y dejando plomeado tu cuerpo, que le sirve al mío de alimento.

Además, sabes que mi locura está fuera de los colores primarios, que tu armonía corrompe mi arrojo, que tu exactitud está cerca a mi velocidad y que si caigo, sólo será dentro de tu pleura.

Así que esta vez, yo daré la orden.