martes, 29 de marzo de 2011

Nunca Tanto



La disposición de pagarle a mi vida está sobre su verdadero valor, no es exceso, pero es harto.

Sé que estoy mal, pero no sé de qué forma. Si lo supiera concebiría la locura, o la alarmante violencia.

Me siento como el shoegazing , plagada de pedales de efecto reverb, siento como si el frío hubiera encontrado su lugar entre mis huesos, como si una pepa hubiese explotado en mi estómago, como si el aire me estrangulase, como la mismísima condena.

¿Alguna vez desarmaste al hombre que te sujetaba? , ¿Alguna vez le escupiste en la cara? Si lo hiciste, sólo te queda pensar que se lo merecía, si no, detente.

Tal vez –merecer- no era lo que yo creía que significaba, y pronto confundí mi sabor y corté mi propio tendón.
Detesto pensar en el perdón, me hace perversa y desequilibrada, prefiero pensar en el desquite, patético y brutal.

Prefiero entregarme al curso idóneo de la naturaleza salvaje, al giro de la tierra, mi turno de excluir o salvar, crear o morir.

Detesto pensar que Dios está celoso de mí.

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