jueves, 31 de marzo de 2011

Sex born Poisson



Air
10000’Hz Legend



En ella se halla toda conciencia herida que sufre, en ella se encuentra el trueno de mi sexo, ella es mi intriga y mi coartada, el tapujo erotómano que me inhala, y a pesar de mi endemoniada armonía, ella vive de mi famélica luminosidad.
No entiendo porque requiero su mirada aviesa, o su cuidado desalmado, o peor aún, su culpa frondosa de dármelo todo, de aliviarme. Puede que ahora yo sea una lupa y puede que me quede un sólo ardid, pero ya es suficiente, estoy llena de rescates, inundada de la paz que otros dejaron atrás, ya estoy compuesta, de candela y de atardeceres.

Así llegas tú, tan frenética de invadirme hasta el recto.
Insisto: No clausures mi eufonía. No me detengas.

martes, 29 de marzo de 2011

Kate, no te desprendas.


“Porque es la lógica anatómica del hombre moderno no haber podido jamás vivir, ni pensar vivir, sino como un endemoniado.”

Antonin Artaud






Rabiosa y flamígera es su alma. ¿Cómo escapar de la violenta decepción? ¿Cómo calmar lo inestable? ¿Cómo arrancarse la desilusión, si es el único traje? ¿Cómo se hace para que la felicidad te atropelle?



K. es pura adhesión, en todas sus dimensiones tiene cierto desenfado, en todas sus manifestaciones está presente su expansión.



K, de quien los demonios hicieron presa. K, de quien la naturaleza hizo trampa, K quien mudo su mente a sus peores esquinas, sólo por querer integrarse a la locura, por querer brotar la belleza tenue, por ser fragmentaria y no querer la entereza. Por temer al tiempo y su persistencia.



K. se ve muy bien en su doble que ve mal, K. no deja de sentir tempestad, no quiere reflexionar porque se desmiembra, no quiere soledad porque se desmiembra, no quiere claridad porque se desmiembra, no quiere soñar sin alprazonlam, simplemente no quiere despertar.


Quizá entonces ya tenía la idea fija del suicidio, ni las fluoxetinas la animaron a espantar las sombras, ni la hierba le hizo cambiar de sentencia, ni el alcohol pudo contruirle un armazón, ni el poder celestial del chas pudo encarrilarla y mucho menos el amor, el amor que ella tanto traga.



Morboso disparate el de s alma. Pero al parecer a Dios, le pareció encantador.



K. quería encontrar una vía limpia en el callejón, yo sé cuánto le complace el dolor, yo sé cuanto encarna del terror, yo sé cuánto detesta su resolución y cuán noble considera la recreación del cuerpo en otro cuerpo. Pero no sé dónde queda el límite de su alarma mental.


K. siempre está en combate, entre la monstruosidad de lo normal y lo que está en realidad mal. K siempre entra al combate remonileante y sale arrancandosé el corazón, extremando la naturaleza en su fugaz ecosistema, extremando su memoria hasta convertirla en su despojo automático, de manera sencilla, seca, objetiva, perdurable, válida, sólida, auténtica y milagrosa.


Que el sacrificio no sea una imagen del final, sino un hecho terrorista contra la liviandad del espíritu y si quieres defenderte, sólo no enfermes la conciencia, y que hoy empiece tu fortaleza.

No te desprendas.

Espíritu Santo.



Soy nada si su diablo no aterriza en mi césped, soy nada si su peso no cae sobre el mío, soy nada cuando su ausencia me desluce, soy resta y no soy lo que ella aspira, pero soy al fin y al cabo el tumor de su Dios, una droga de fe, el tufo del milagro.



Se sumerge en mí cabeza como en una bañera, se ahoga en mi cabeza como si fuera un océano, luego se sienta y espera siempre que despierte, caliente como salida del infierno, alada como parida del viento. Ella espera que mi desazón se haga roca, ella espera como si la paciencia fuera un recreo, que mi instinto sea el correcto, que la luz no me deslumbré, y que el fuego sólo sea para ambas un juego fresco.



Yo requiero de ella, su divina travesura, que mi sol no la funda, que se disuelva en mi boca, y se congele en mi monte, que me condene, que me incinere y que me prometa sin piedad, que el cielo está dentro de ella.

Nunca Tanto



La disposición de pagarle a mi vida está sobre su verdadero valor, no es exceso, pero es harto.

Sé que estoy mal, pero no sé de qué forma. Si lo supiera concebiría la locura, o la alarmante violencia.

Me siento como el shoegazing , plagada de pedales de efecto reverb, siento como si el frío hubiera encontrado su lugar entre mis huesos, como si una pepa hubiese explotado en mi estómago, como si el aire me estrangulase, como la mismísima condena.

¿Alguna vez desarmaste al hombre que te sujetaba? , ¿Alguna vez le escupiste en la cara? Si lo hiciste, sólo te queda pensar que se lo merecía, si no, detente.

Tal vez –merecer- no era lo que yo creía que significaba, y pronto confundí mi sabor y corté mi propio tendón.
Detesto pensar en el perdón, me hace perversa y desequilibrada, prefiero pensar en el desquite, patético y brutal.

Prefiero entregarme al curso idóneo de la naturaleza salvaje, al giro de la tierra, mi turno de excluir o salvar, crear o morir.

Detesto pensar que Dios está celoso de mí.